
Los problemas de las áreas de salud son problemas sanitarios de estructura organizativa, de recursos o de resultados. Sin embargo, los problemas educativos son un problema social.
¿Qué ocurre hoy con nuestra “escuela”? Básicamente ocurren dos cosas; que el fracaso escolar es galopante y está adquiriendo una dimensión inadmisible y que el clima en los entornos educativos es ya asfixiante. Respecto al fracaso basta observar los siguientes datos.
- La tasa de abandono escolar ha pasado de un 28.8% en 2000 a un 31.1% en 2004, cuando la media europea es del 15.7%
- Las dificultades en comprensión lectora han pasado del 16.3% en 2000 a un 21.1% en 2003.
- El índice de alumnos que completan estudios pasa del 66.2% en 2000 al 61.8% en 2004.
Como digo, galopante.
Respecto a la satisfacción que genera el sistema educativo y el clima escolar, simplemente, nadie está satisfecho. No lo está la administración, consciente de que su sistema dista mucho de ser de calidad. No lo están los alumnos que desmotivados rechazan de pleno la escuela y o se dedican a reventar clases o “pasan” engrosando así el índice de absentismo escolar y los pocos que quieren aprovechar la oportunidad observan como la escuela es cada vez más un entorno violento, peligroso y poco gratificante. Tampoco los padres se sienten satisfechos pues perciben que el sistema, ni educa ni instruye a sus hijos, achacando en muchos casos, equivocados o no, los problemas al pasotismo de los profesores. Por último, el descontento del profesorado es cada vez mayor. Con su autoridad totalmente minada y su figura desdibujada, el profesor deja de ser “maestro” para pasar a ser un funcionario que ejerce de niñera, que trata de mantener el orden en el aula y al que se le pide que sea, incluso, “policía”. Carne de cañón de trastornos depresivos como el “Burn out” o Síndrome del quemado.
Buscar la raíz de los problemas del sistema educativo español, supone debatir en tres ejes distintos:
a. El cambio de modelo en la educación familiar
b. Las pedagogías de la escuela actual
c. La inversión en educación
a) “Somos la generación perdida. Hemos pasado de estar dominados por nuestros padres a estarlo por nuestros hijos”. Esta afirmación no es banal, es una cruda realidad. Los padres de hoy fuimos educados en un modelo patriarcal, quasi decimonónico, en el que aprendimos que existe la jerarquía la autoridad y el respeto, que los padres son quienes mandan y deciden y los hijos acatan y obedecen en tanto en cuanto permanezcan en el seno familiar y en algunos casos aún después de independizarse. En dos palabras esto se resumía en la conocida frase: “Cuando seas padre, comerás huevos”.
Algo muy distinto ha sucedido con el modelo familiar actual. Indefectiblemente, nuestra generación está marcada por el fin de la dictadura e inicio de la democracia. Aquella época de reacción produjo un caldo de cultivo que se infectaría de muchas de las teorías, filosofías, ideas, creencias, pedagogías, tendencias y corrientes de opinión que se tildaban de “progres”, era “lo que tocaba” El “Todo vale”, herencia del mayo del 68, el capitalismo igual a marginador, la autoridad igual a represión, el eufemismo de “Lo políticamente correcto”…todo un maremagnum difícil de asumir por nuestra joven democracia. Una de las pedagogías, made in USA, que entró con fuerza y se instaló en la mente de los jóvenes españolitos de entonces fue la del “Padre-amigo”. Esta teoría preconizaba que la autoridad en el seno familiar era perniciosa. Que el niño debía crecer en libertad para tener éxito de adulto. Que los padres debíamos bajar al nivel de nuestros hijos. Que todo en el seno familiar era negociable con los hijos, que padres e hijos éramos todos iguales y con los mismos derechos…y un largo etcétera de ideas erráticas. Así, pegar se convirtió en maltrato físico, reñirles o gritarles era maltrato psicológico, castigarlos era minar su autoestima y en todo caso había que negociar los castigos con ellos mismos. Cualquier manifestación de autoridad se convirtió en causa de futuros traumas de nuestros hijos.
Para mayor INRI, se suman otros factores como el aumento de la sociedad del bienestar, el consumismo, la incorporación masiva de la mujer al trabajo, el culto a la juventud, al cuerpo y al ocio…
La mentalidad hacia la crianza de nuestros hijos sufre un cambio diametral pasando de una disciplina más o menos férrea al “laissez faire” Ahora los lemas son; “Que disfruten que aún son jóvenes”. “Ya tendrán tiempo de…”. “Que lo tenga o lo haga ya que yo no lo pude tener o hacer” “Ya que paso tan poco tiempo con ellos los compensaré con…”. “Si todos lo hacen…” “Si él no quiere…”.
Los padres-amigo o “colega” han criado una legión de huérfanos consentidos sin sentido ninguno de la disciplina, del respeto o del esfuerzo. Sin resistencia a la frustración y con pocas o ninguna ilusión de futuro más allá de lo puramente estético o insustancial. Esta pedagogía que pretendía convertir a la familia en un remanso de paz, confianza, libertad y colaboración ha operado el efecto contrario. Ante tanta permisividad y sin autoridad los padres han de convertirse en vigilantes secretos de sus hijos, en policías, a sabiendas de éstos, que se sienten molestos por ello ya que se les pide una confianza con sus padres que éstos, en realidad no pueden tener con sus hijos, pues la amistad solo puede tenerse entre pares. Cuando los chavales no logran lo que quieren, ya, les produce una frustración que en muchos casos se traduce en violencia verbal, y en algunos casos también física. En fin, un verdadero caos en el que en el seno familiar nadie encuentra su justo lugar y las relaciones entre padres e hijos son en el día a día cada vez más conflictivas.
Para cerrar este apartado qué mejor que las palabras del ya célebre juez de menores de Granada D. Emilio Calatayud, que nos conmina a que reflexionemos por qué, en nuestra sociedad, se hace tanto hincapié y se acentúa tanto el artículo 154 del Código Civil Español y tan poco el 155 y a continuación los relaciono para que cada uno extraiga sus propias conclusiones.
Artículo 154
Los hijos no emancipados están bajo la potestad de sus progenitores La patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y comprende los siguientes deberes y facultades:
1. Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral.
2. Representarlos y administrar sus bienes. Si los hijos tuvieren suficiente juicio deberán ser oídos siempre antes de adoptar decisiones que les afecten.
Los padres podrán en el ejercicio de su potestad recabar el auxilio de la autoridad. Podrán también corregir razonable y moderadamente a los hijos.
Artículo 155
Los hijos deben:
1. Obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre.
2. Contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella.





